No sé cuántas veces he hecho este pan… de verdad, ya perdí la cuenta . Se ha convertido en uno de esos básicos infalibles en mi cocina, de los que siempre salen bien y te hacen quedar como una experta panadera aunque el día haya sido largo.
Lo he usado tal cual, recién salido del horno, y también como base para hacer pan de jamón, ¡y quedó simplemente divino! Su textura es suave, el sabor delicado y la miga perfecta para rellenos. Por eso hoy quiero compartirlo aquí, en Labrando un Hogar, y contarles dónde y cómo aprendí a hacerlo.
¿De dónde viene esta receta?
He seguido a Esbieta desde hace muchos años. Confío muchísimo en sus recetas porque, honestamente, nunca me han decepcionado. Todo lo explica con calma, con detalles y con ese amor por la panadería casera que se contagia.
Esta receta es una de esas joyas que se quedan contigo para siempre.
Ingredientes (para 8 unidades)
Aquí te comparto únicamente los ingredientes que yo uso para la preparación:
250 g de harina de hacer pan
125 g de leche (yo he usado leche de almendra y de avena, ambas funcionan muy bien)
30 g de agua tibia
1 yema de huevo
10 g de levadura (yo uso levadura instantánea)
30 g de azúcar (yo prefiero azúcar morena)
4 g de sal
25 g de mantequilla
Preparación
Para el paso a paso completo, prefiero no reinventar la rueda. Esbieta lo explica de manera tan clara y detallada que lo mejor es ir directamente a su video.
Así, además de preparar este pan maravilloso, puedes conocer su canal, que recomiendo con los ojos cerrados.
Un pan que se adapta a tu hogar
Quiero dejarte una nota personal :
En los panes que ves en la foto, doblé los ingredientes y los hice más grandes. Fue pura practicidad y falta de tiempo para hacerlos más pequeños… pero, honestamente, igual se los comen rapidísimo.
De hecho, cuando fui a visitar a mi hijo, le hice varios y se los dejé congelados. Es uno de esos panes que se prestan para eso: descongelas, calientas un poquito y quedan como recién hechos.
Ah, y un detalle más: los pinté con la clara del huevo que separé para hacer la receta. Nada se desperdicia, y así quedan con ese brillo bonito al salir del horno.
Este pan es perfecto para el día a día, para ocasiones especiales y para adaptarlo a lo que tengas en casa. Cambiar el tipo de leche, usarlo como base para panes rellenos o simplemente disfrutarlo tibio con un poquito de mantequilla… todo vale.
Ojalá lo pruebes y se vuelva también parte de tu cocina, de esas recetas que se amasan con calma y se disfrutan en familia.


No hay comentarios:
Publicar un comentario
¡Gracias por tu comentario!