El 4 de febrero de 1992, conocí al golpista.

Labrando un HOGAR, CLIMAX
Fuente: CLIMAX

A principios de 1992 yo tenía 16 años, estaba cursando mi último año de secundaria, vivía con mis tíos y dos primas porque mis padres habían muerto varios años atrás. La casa de mi tía estaba en un terreno grande detrás de la vieja casa de mis abuelos paternos. Era una casa nueva que ella misma, ejerciendo su profesión de dibujante técnico, había diseñado y ayudado a construir. 

Podría decirse entonces que yo había crecido siendo testigo de que los estudios ayudaban a salir de la pobreza. Mi familia de lado y lado eran (algunos aun lo son) muy pobres, pero yo vi y viví repetidas veces que aquellos que completaban más años de estudios lograban conseguir una situación económica mejor, era algo así como que “la calidad de vida era proporcional a los años de estudios” no era perfecto, pero era posible. 

El 4 de febrero de 1992 no entendí la gravedad de la situación, quizás por tener las hormonas de la adolescencia a flor de piel. Pero ahora puedo recordar cómo fue para mí ese día. Todo se veía y sentía normal mientras hacíamos la rutina mañanera, pero cuando mi tía nos llevó al colegio, vimos al llegar que algunas maestras estaban en la puerta regresando a los niños a casa. Al acercarnos una de ellas nos dijo que habían cancelado la escuela por el golpe militar. Tras esa noticia la cara de mi tía y la mía fueron muy diferentes, quizás porque yo solo escuche “no hay clases” y en cambio ella solo escucho “GOLPE MILITAR”. 

Cuando llegamos a casa encendimos el televisor y en ese momento vi por primera vez, como se veía un golpe de estado que, a pesar de haber fracasado, igual dejo gente herida y muerta, escuelas y comercios cerrados, pánico y confusión. Ese día también vi por primera vez la cara de hugo rafael chávez frías -en minúsculas a propósito- (mis dedos temblaron al escribir este nombre fatídico) quien vestía un uniforme militar y usaba una boina roja. 

Los golpistas, que eventualmente se hicieron del poder 7 años después, han tratado de lavar la cara a ese 4 de febrero de 1992 llamándolo “Día de la Dignidad Nacional”, convirtiéndolo en fecha patria y diciendo que ellos “dieron un frenazo al colapso en el que las clases dominantes habían sumergido al país, revivieron la esperanza maltratada de un pueblo en su lucha por la emancipación y la construcción de una sociedad más justa.” 

Pero, 28 años después ¿esta menos maltratada la esperanza del venezolano? ¿se nos ha permitido emanciparnos y construir una sociedad justa? 

Como venezolana que viene de una familia en su momento mucho más pobre que aquella de la que Chávez decía venir (y que no por ello me convertí en una resentida social); puedo afirmar con propiedad que Venezuela hoy día, está peor que en febrero de 1992… y tristemente, no solo en lo económico. En la Venezuela del 2020, un monton de niños a los cuales sus padres, tratando de alejarlos de la desnutrición, muerte por falta de medicamentos o en manos de delincuentes, llámense gobierno o hampa común; están pagando el precio de vivir sin nacionalidad, o peor aún, sin padres, y estos son los niños que tienen “suerte” porque del otro lado, están los niños que están creciendo en condiciones tan miserables, que no me cabe duda que en un futuro tendremos que darle un nombre único a esta generación, y mas que nombrarla, apoyarla como a ninguna antes. 

Este día en el que el régimen se llena el hocico hablando tanto de la dignidad nacional, muchos venezolanos deben arrodillarse ante la clase poderosa del país, para poder recibir precarios servicios básicos incluyendo -si tienen “suerte”- una magra y eventual caja de comida de segunda. También este mal llamado día de la dignidad nacional, muchos venezolanos que han tenido que abandonar el país caminando para escapar de las brutales condiciones a que se enfrenta el venezolano común, puede que hasta sientan miedo de decir “yo soy venezolano”, porque otro ‘logro’ de esta revolución de pacotilla ha sido que hasta en varios de los países que Simón Bolívar libero, nos vean con recelo y rechazo. 

En mi caso, que constantemente sentimos el miedo y la profunda tristeza de no tener un país donde podamos vivir tranquilos indefinidamente; este día es lo que es, solo el día del Fallido golpe militar donde murieron docenas de venezolanos, y cuando por primera vez se le vio la cara al tirano y su pandilla. 

Saludos, 
Andreina.

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